
Sentada a horcajadas sobre el león estaba la chica. Llevaba una camiseta de color violeta y unos vaqueros cortados por media pierna y desflecados, estaba inclinada sobre la melena pétrea, como un jinete, espoleando al león con las manos, las rodillas y los talones, el pelo largo y brillante le rebotaba en los hombros en esa cabalgata inmóvil.Entonces giró la cabeza y miró decididamente hacia la ventana donde yo estaba y ví que estaba riendo, riendo, riendo...
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